Tecnología con perspectiva para mujeres con discapacidad

Amanixer reduce la brecha digital para mujeres con discapacidad

En un mundo cada vez más digitalizado, no todas las personas tienen las mismas oportunidades de acceso a la tecnología. La llamada brecha digital se ensaña especialmente con las mujeres con discapacidad, que en muchos casos no solo encuentran barreras físicas o sensoriales, sino también sociales, económicas y culturales.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), apenas el 55% de las mujeres con discapacidad usan internet de forma habitual, frente al 91% de las mujeres sin discapacidad. Esta diferencia se agrava en zonas rurales o cuando se combinan otras situaciones de vulnerabilidad: edad avanzada, bajo nivel educativo, desempleo o dependencia económica.

Frente a esta realidad, la asociación feminista aragonesa Amanixer trabaja desde la acción directa y la cercanía para revertir esta desigualdad. Lo hace a través de talleres de alfabetización digital que se celebran de forma periódica en sus sedes de Zaragoza, Huesca y Teruel. Espacios seguros donde mujeres con diferentes tipos de discapacidad aprenden, a su ritmo, a desenvolverse en un entorno digital que muchas veces les ha resultado inaccesible o ajeno.

“Queremos que las mujeres con discapacidad tengan autonomía y herramientas para desenvolverse en su vida diaria, también en el plano digital”, explican desde Amanixer. Porque saber usar un correo electrónico, pedir una cita médica online o hacer una videollamada no es solo una cuestión técnica: es una forma de estar en el mundo, de participar, de decidir.

En sus sedes de Zaragoza, Huesca y Teruel, ofrece espacios seguros donde las usuarias aprenden, a su ritmo, a desenvolverse en un entorno digital que muchas veces les ha resultado inaccesible o ajeno.

Los talleres no solo enseñan habilidades tecnológicas básicas y avanzadas, sino que lo hacen desde una perspectiva interseccional. Se tiene en cuenta el tipo de discapacidad, el nivel previo de conocimientos, la edad y otros factores como la situación económica o el entorno familiar. Además, se fomenta un aprendizaje colaborativo, donde las asistentes se ayudan entre sí, comparten experiencias y crean redes de apoyo.

  • En Zaragoza, por ejemplo, muchas participantes han aprendido a usar su móvil como una herramienta diaria: consultar el tiempo, activar subtítulos automáticos en vídeos o gestionar aplicaciones de salud.
  • En Huesca, el foco ha estado en perder el miedo a los dispositivos: usar un teclado, navegar con lectores de pantalla o identificar noticias falsas.
  • En Teruel, los talleres han dado lugar a pequeñas comunidades digitales donde las mujeres siguen en contacto incluso después de cada sesión.

Y es que la digitalización no es un lujo: es una cuestión de derechos. Según un estudio de Eurofirms Foundation sobre la brecha digital en mujeres con discapacidad refleja diferencias claras en el acceso a formación: señala que el 94 % de las mujeres con discapacidad mayores de 45 años presentan niveles bajos o intermedios de competencias digitales.

Cada clic, cada correo enviado, cada duda resuelta representa una victoria frente a una brecha que no debería existir. Porque la tecnología, cuando se enseña desde la empatía y la accesibilidad, puede ser una aliada poderosa para la igualdad.

Crear espacios formativos para mujeres y niñas con discapacidad pensados desde una perspectiva de género e interseccional tiene como objetivos:

  • Reducir la desigualdad laboral y económica: con mejor formación digital, aumentan las oportunidades de empleo y autonomía.
  • Romper el aislamiento: Internet es clave para el contacto social, informativo y cultural.
  • Incrementar la seguridad: saber qué derechos tienen en línea y cómo reportar agresiones digitales.
  • Fortalecer a la ciudadanía: participación activa en la vida comunitaria y acceso equitativo a servicios públicos.
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